La Vejez es el Futuro de la Niñez. Vive Ahora


El ciclo de la vida es un paréntesis, Nacemos y desde ese momento nos ocurren infinidades de cosas, mientras somos un bebé somos totalmente flexibles, nos comunicamos a través del llanto o la sonrisa para demostrar nuestro malestar, para hacer saber acerca de nuestras necesidades o para alegrarles la vida a los que nos rodean haciéndoles saber que nos sentimos amados y protegidos. Somos espontáneos, libres, somos puro amor.

En esa etapa no tenemos preocupaciones, simplemente confiamos en que todo lo que necesitamos lo recibiremos, y sucede por supuesto así, tenemos a nuestros padres o a las personas que nos cuidan allí para abastecernos de todo lo que necesitemos y más.

En el período de la niñez vamos aprendiendo a socializar con el mundo que nos rodea, aprendemos muchas cosas, obtenemos nuevas experiencias, nos tenemos que adaptar a nuevos cambios y también se va despertando nuestro ego el que empieza a corromper nuestra flexibilidad, buscamos entonces reaccionar de diferentes formas hasta que encontramos alguna que nos funcione y poder así manipular en función de obtener lo que deseamos.

Empieza una nueva etapa al entrar al sistema educativo, debemos aprender a “comportarnos” para ser aceptados en la sociedad, aprendemos nuevos hábitos, nos enteramos de que no todo es tan sencillo como siempre habíamos pensado, nuestros padres y adultos significativos nos lo dieron siempre todo y ahora debemos nosotros mismos empezar a lograr cosas con esfuerzos. Lo más importante es la familia, mamá y papá.

Una etapa difícil para muchos, la Adolescencia, buscamos la aceptación social buscamos identificarnos con algún grupo o ser aceptados por algún grupo específico de adolescentes, iniciamos un período de rebeldía, apatía, depresión, no queremos seguir las reglas queremos hacer el mundo a nuestro modo, nos empezamos a apresurar por reunir ciertas experiencias, positivas o negativas, estamos expuestos a tantos cambios, nos abruma toda la nueva información que recibimos, muchas veces no sabemos donde estamos parados, no sabemos lo que queremos, estamos perdidos, a otros les da por sentirse rechazados, por ser normales o por aislarse.

Es un enorme cambio interno y externo, dejamos de querer sentirnos protegidos por nuestros padres, queremos ser libres, aunque no sepamos lo que eso signifique en realidad. Surge el primer amor o algo parecido.

Luego entre los 17 y 20 años  debemos decidir que es lo que vamos a hacer el resto de nuestra vida, a que nos dedicaremos para generar dinero, debemos elegir una carrera universitaria, un oficio o lo que sea nos permita vivir y ganar dinero. A veces nos sentimos bajo presión y optamos por lo más fácil o lo más próximo, dependemos de la sugerencia de terceros, no sabemos a veces que nos gusta de verdad. En esta etapa nos dedicamos a establecer de que manera viviremos más adelante. Puede que encontremos al amor verdadero o el primer verdadero amor.Nuestra flexibilidad para los cambios se va endureciendo.  Lo más importante son los amigos y la vida social.

En la adultez temprana que va desde los 21 a los 40 años es un período donde ocurren aún mayores cambios, aquí no vemos atrapados en los que llamamos nosotros la etapa de la carrera de la vida, en donde nos dedicamos a ACUMULAR todo lo que nos sea posible, desde títulos, romances, bienes materiales, matrimonios, divorcios, experiencias, viajes, amistades, rencor, frustraciones, logros, miedos, preocupaciones. Se vive a la carrera, sin parar, aprovechando cada momento para hacer “algo”, se descansa poco, se duerme poco, se estresa uno demasiado. 

Es en esta etapa también, a partir de los 25 – 30 años más o menos,  donde la mayoría inician familias propias, matrimonios estables, hijos, una casa propia, un trabajo estable, una propia empresa. Se inicia el aislamiento para enfocarse en su propia vida y crecimiento, reflexiones, decisiones, elecciones,  cambios, se busca más contacto con la verdad interna, con el espíritu, con lo que importa de verdad, un renacer del ser.

En este período somos muy inflexible y nos mueve sólo aquello que nos permita demostrar que somos exitosos material o sentimentalmente, que somos alguien importante, que sabemos mucho, que hemos recorrido el mundo.

Nos cuesta tomarnos las cosas con calma porque sentimos que el reloj avanza y nosotros perdemos el tiempo, nos imponemos metas gigantes que nos consumen las energías, por el mismo hecho de que están basadas en la avaricia de poder, somos todo menos amables con nosotros mismos y no nos damos respiro para poder escuchar lo que nuestro espíritu nos pide, no escuchamos consejos de nadie porque creemos que lo sabemos todo, no reconocemos nuestros errores, nuestro ego está bien despierto y controla nuestra vida como se le antoja. Lo más importante es lo que se ha logrado y/o vivido hasta ese momento.

La siguiente etapa es la etapa de la adultez madura que va desde los 41 – 65 en este período las personas toman más conciencia de lo que han hecho con sus vidas, algunos buscan la estabilidad que no han logrado, otros se vuelcan a la familia o al trabajo, algunos buscan refugio en alguna práctica religiosa o iglesia, muchos otros inician una nueva vida en pareja, después de un divorcio, empiezan a tomar las cosas con más calma, prefieren que el tiempo pase más lento, buscan hacer aquello que les apasiona o les causa satisfacción, se arrepienten de cosas, buscan perdonarse a si mimos y a otros, somos aún inflexibles pero empezamos a querer ser más flexibles, nos interesamos por temas más espirituales o por el Yoga, dejamos a los demás ser como son, tratamos de vivir en armonía, nos hemos dado cuenta de que la vida es corta y que no importa cuanto hallamos acumulado en cosas materiales y dinero lo que sigue siendo más importante es el amor y haber logrado vivir en armonía y paz con nuestro entorno y con nosotros mismos. En esta etapa la familia vuelve a tomar su papel principal.

La vejez es el futuro de la niñez y todo lo que hayamos hecho hasta ese punto de nuestras vidas es lo que recibiremos, en esta etapa estamos cansados, estamos deseando estar más sanos, tener más tiempo de vida para poder disfrutar a los nietos, poder consentirlos, nos volvemos más vulnerables, hacemos cosas que quizás no hicimos de jóvenes porque no nos atrevíamos a poner nuestra vida en juego, puede ser una etapa muy feliz y llena de gratos momento junto a los seres queridos, se puede también ser muy sano y vital o se puede llegar a esta etapa de una forma menos alegre. 

Nos aferramos a los recuerdos, nos arrepentimos de no haber dicho, hecho o actuado de una u otra forma. Nos volvemos más sentimentales y buscamos la reconciliación familiar. La familia sigue siendo lo más importante.

Para cerrar este maravilloso paréntesis llega la muerte o transición a otra forma de vida, como espíritu en otra dimensión.

Este es el proceso que llamamos vida, un paréntesis que puede durar un minuto o que puede durar décadas, y lo único que importa es el uso que le demos a ese tiempo, ese tiempo en que nuestro espíritu está teniendo esa experiencia física.

Vivir en armonía y agradeciendo cada momento, disfrutando cada momento, haciendo aquello que nos apetece, sea lo que sea, ayudando a otros, siendo ejemplos de amor y exhalar nuestra energía positiva a nuestro alrededor, esa actitud es la que puede contribuir verdaderamente en el mundo y no tienes que ser una Santo para ello, simplemente actuar con conciencia de amor, porque la vida es para disfrutarla y que mejor manera que hacerlo de una forma positiva, en donde todos ganemos.

De nada sirve apurarnos por obtener todo hoy si no disfrutamos el hermoso proceso mismo de obtenerlos, no ganamos nada exigiéndonos más de la cuenta y  no nos permitimos entonces vivir la vida sanamente y en el presente, cuando dejamos de forzar todo empieza a ocurrir como debe ocurrir y nosotros nos mantenemos más sanos, más vitales, llenos de energía lo que nos permite afrontar la vida con mayor entusiasmo y energía.

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